2016/08/29

Maridos indiferentes - Psicología Malena Lede



Aunque el hombre nace pre programado para diseminar sus espermatozoides en cada oportunidad que se le presenta; en el matrimonio, esta necesidad puede variar por muchas razones.

El hombre responde a los estímulos sexuales que percibe con el sentido de la vista; de modo que después de muchos años de matrimonio es importante que la mujer, dentro de sus posibilidades,  trate de estar atractiva a la vista de su marido y principalmente no pelear o discutir con él cuando está en casa.

Es bastante común que hombres casados que ya no sienten interés sexual por su mujer, frecuenten páginas de Internet con pornografía, e  incluso logren por ese medio vivir alguna aventura.

La infidelidad es la principal causa de divorcio, sin embargo muchos matrimonios que tienen este problema no siempre se separan.

El divorcio es una salida extrema que produce mucho sufrimiento principalmente si hay hijos. 

El problema económico es el impedimento más importante en el caso que la familia dependa exclusivamente del hombre y cuando ninguno de los dos quiere dejar la casa en que viven.

Algunos matrimonios que a pesar de todo se aman, deciden vivir juntos pero separados, o sea, no duermen juntos y tienen ambos la libertad para salir con otros.

También existen quienes prefieren continuar juntos pero hacer vidas independientes y dedicados por entero a sus trabajos.

Actualmente es bastante frecuente que un hombre, después de los cincuenta años, deje de relacionarse sexualmente con su mujer sin que esto implique que la haya  reemplazado por otra.

El exceso de trabajo, el cansancio, el estrés y las preocupaciones hacen que el deseo sexual del hombre disminuya con la edad y es entonces cuando comienza a surgir este problema.

En general, lo normal es que a medida que pasa el tiempo disminuya la frecuencia de las relaciones sexuales pero no necesariamente esto implica que se tengan que terminar definitivamente.

Algunas enfermedades crónicas y otros impedimentos físicos del hombre pueden influir en la disminución del deseo sexual, entre otros,  la diabetes, las enfermedades coronarias, los accidentes cerebro vasculares, los infartos o los problemas de próstata.

La sexualidad es una forma de expresar el amor y las mujeres suelen asociar la falta de deseo sexual del marido con la falta de amor, con la infidelidad y la indiferencia.

Lo mejor es hablar en terreno neutral, salir solos y tener la oportunidad de conversar sin que haya alguien de la familia escuchando.

Cada uno tiene que decir lo que siente y lo que necesita y esto muchas veces es suficiente para que las cosas cambien.

Algunas mujeres sólo se dedican a su familia y justamente cuando los hijos ya no las necesitan, suelen sufrir además en esa etapa de sus vidas, la indiferencia de sus maridos.

Hay vida más allá de los cincuenta años, pero hay que saber que lo que nos sirvió cuando éramos más jóvenes no es lo único que podemos hacer para sentirnos felices.

Cuando los intereses se concentran únicamente en las relaciones afectivas se sufre a ese nivel y es imposible razonar de otro modo.

Las relaciones sexuales no representa la única manera de disfrutar de la vida, afortunadamente existen el arte, la literatura, la música, el intelecto y también la posibilidad de ayudar a los demás de algún modo, principalmente, cuando ya no pueden recurrir a antiguas fórmulas.


Malena Lede – Psicología Malena Lede


2016/08/26

La soledad y la depresión en la vejez - Psicología Malena Lede




Antes que nada hay que saber que casi siempre estamos solos aunque estemos acompañados; solos con nosotros mismos, con nuestros miedos, con nuestras inquietudes, con nuestras expectativas, nuestras dolencias y nuestras frustraciones.  Porque los demás no pueden vivir dentro de nosotros, piensan desde afuera y califican las cosas desde sus experiencias de otro modo.

No se puede eludir asumir la edad porque desde que nacemos, día a día estamos envejeciendo.
La edad avanzada es lo que llega a convencer a la gente que no es eterna y que algún día, si tiene la suerte de seguir viviendo será vieja.

Jung afirmaba que la vejez es la edad de la cultura, tiempo para comenzar a pensar en sí mismo, para alejarse de las obligaciones acostumbradas,  para tener licencia para hacer por fin lo que se quiere.

¿Pero qué pasa cuando una persona de esta sociedad deja de ser productivo? Muchos piensan que se vuelve prescindible, pasado de moda, inútil, torpe y aburrido, sin embargo, hoy en día es la etapa de la vida más larga que permite hacer cosas diferentes sin pensar en su beneficio económico, entre ellas el necesario viaje interior y el descubrimiento de sí mismo.

Muchos se pasan la vida ahorrando dinero para la vejez en su afán de controlarlo todo y cuando llegan a viejos no encuentran en qué gastarlo porque sus gustos han cambiado y disfrutan más de las cosas que no tienen precio, como estar con la familia, disfrutar de una tarde de verano, de una noche de Luna llena o de una puesta de Sol.

El descanso que tanto se merecen los mayores no consiste en quedarse sentado o acostado para mirar el techo y no hacer nada, significa tener la posibilidad de ser dueño del propio tiempo para hacer lo que les agrada, todo aquello que no pudieron hacer cuando eran jóvenes y tenían más responsabilidades.

Hemos aprendido a tener miedo de todo, miedo de tomar decisiones, miedo de asumir riesgos, miedo a la enfermedad, miedo de enfrentar situaciones difíciles o miedo a la soledad y a la muerte.  El miedo nos paraliza y nos lleva a tomar previsiones innecesarias.

El miedo nos acompaña en todo momento de la vida a todos lados siendo en esta etapa la emoción negativa más inútil porque si hay algo que no podemos evitar es el paso del tiempo.

Cuando se envejece se adquiere el hábito de ir a la farmacia sin escuchar qué es lo que está queriendo decir el cuerpo con sus dolores y sus enfermedades; porque es el cuerpo el que envía los mensajes más elocuentes de lo que hay que hacer para curarse.

Mejor que tomar medicamentos es esperar para ver cómo se las arregla el cuerpo para recobrar el equilibrio y prestar atención a qué es lo que están haciendo en sus vidas para perder la salud.

A veces sólo se trata de cambiar actitudes, hacer una dieta, modificar el orden de las prioridades o atreverse a hacer el cambio de rumbo necesario.

De cada uno de nosotros depende la actitud que adoptemos ante el paso de los años.  Podemos decidir ir al médico y hacernos un chequeo a cada rato, someternos a cirugías estéticas, atiborrarnos de nutrientes y complejos vitamínicos y monopolizar las conversaciones contando las operaciones y los tratamientos.  Pero también podemos desarrollar nuestro potencial intacto y descubrirlo en el silencio de la soledad que es la única forma de encontrarlo.

Hay viejos jóvenes y jóvenes viejos, es más una cuestión de actitud que producto de la decadencia propia de los años, lo demuestran personas que parecen no tener edad, que son las que siempre pueden seguir aprendiendo y adaptándose a todo.  

Malena Lede - Psicóloga

2016/08/25

No quiero madurar - Psicología Malena Lede




Somos maduros cuando somos capaces de hacernos cargo de nosotros mismos y de Ser quienes somos.

La vida es la oportunidad de realizarnos pero también puede significar para millones de personas una muerte lenta.

Como en las películas de ciencia ficción, si nos detenemos a observar bien a la gente,  podemos constatar que estamos rodeados de muertos vivos.

Los muertos vivos son las personas que no viven, que vegetan como las plantas, que no hacen nada por sí mismos, que imitan a los demás, que tienen todo lo que hay que tener para pertenecer, que nunca se cuestionaron quiénes son, de dónde vinieron y hacia dónde van.

Vivir no es sólo respirar y envejecer, es crecer y sólo unos pocos conocen su potencial y crecen.

Crecer es profundizar sobre uno mismo, no quedarse sólo con la superficie, es una búsqueda para descubrirse a sí mismo, no la ambición de ser como otro.

El descubrimiento de uno mismo es un segundo nacimiento, el verdadero, es la oportunidad de recuperar la sensibilidad y de ver que todo es importante, no solamente nuestros modestos proyectos y las personas cercanas que queremos.

La madurez debería ser aceptada naturalmente con alegría, como feliz ingreso a una nueva etapa en la que cada uno de nosotros tiene en sus propias manos su destino.

Cuando maduramos nos damos cuenta que todo es igual, que no existe nada que sea más grande o pequeño porque todo depende de cómo lo percibimos.

Si eres la persona que eres y no intentas ser otro, verás la vida con nuevos ojos y te convertirás en una persona madura.

Envejecer no es madurar, todos se hacen viejos físicamente pero no necesariamente maduros, porque la madurez es un crecimiento interior que surge de la conciencia.  Experiencia más conciencia, eso es madurez.

Una persona madura no comete el mismo error dos veces porque pudo tomar conciencia de esa experiencia y pudo aprender.

La persona que siempre comete los mismos errores no es madura es vieja, no puede entender la enseñanza de cada experiencia porque no está despierta, está dormida, vive sin conciencia.

La vejez no nos hace sabios, nos hace viejos, la sabiduría la proporciona la conciencia.

Estar dormidos nos protege del dolor pero también no nos permite sentir placer.

La persona despierta es consciente del placer y del dolor.  El que tiene miedo del dolor no puede ser consciente y no puede aprender.

La felicidad no es eterna, le sucede la infelicidad, si no fuera así no tendríamos conciencia de ser felices.

La muerte le da sentido a la vida, hace que cada momento sea valioso y nos obliga a vivir con intensidad el presente.

Para una persona madura la muerte no es el final sino el principio de algo desconocido.

Malena Lede – Psicóloga
Fuente: “Madurez” – Osho.